miércoles, 24 de octubre de 2012

CAPÍTULO 20


{En capítulos anteriores}
Estuvimos toda la mañana andando y yo estaba empezando a cansarme de tanto andar. Justin me animaba a seguir. Me decía que no faltaba mucho para llegar a un sitio especial y en un momento dado me tapó los ojos y me guió por la espesura del bosque. Comencé a oír el sonido de una cascada y al llegar el supuesto sitio, Justin quitó sus manos de mis ojos. Tras acostumbrarme a la luz un alargado ‘¡OH!’ salió de
mis labios. 

 __________________________________

{Capítulo 20; Esto no es el adiós}

— Esto es precioso — dije en un suspiro.

Nos encontrábamos en un bonito prado, parecido al que salía en el película “Crepúsculo”, pero aquí había una enorme cascada que daba a un riachuelo de agua cristalina. La luz del sol atravesaba las ramas de los árboles para darle a la bella explanada una bonita sensación de calidez. Lo que más predominaba en ente paraje era la gran cantidad de flores que había, todas de variados y vivos colores que le daban un toque de frescura y belleza al ambiente.

No lo dude ni dos segundos, saqué mi cámara y le hice varias fotos al hermoso paisaje no quería perder ese paraje nunca, algo tan bonito debía de ser recordado para siempre. Me giré para mirar a Justin que me observaba con una amplia sonrisa, no pude evitar sentir como la sangre se acumulaba en mis mejillas provocando que esta se sonrosaran.

— Por el rubor de tus mejillas puedo notar que te ha encantado este sitio — dijo provocando que me pusiese más roja todavía.

Solo una persona más había logrado que mi cara se convirtiese en un autentico tomate y no, no me refiero a John, sino a alguien que dejé en España, alguien a quien no quiero recordar, pero eso es otra historia.

Estuvimos toda la mañana tirados en la hierba riendo y haciendo el tonto. Nunca pensé que esto pudiera pasarnos, cuando nos conocimos nos odiábamos, bueno, miento, yo le odiaba y siempre me decía: “Jamás me gustara”, que ingenua era y que insistente fue él. Le mire y no pude evitar sonreír. Había cerrado los ojos para poder empaparse del olor que desprendían las flores, pero notó que le miraba y me dedico una cálida sonrisa seguida de un crujir de tripas. No pude evitar soltar una carcajada.

— Será mejor que nos vayamos, por tu estómago debe de ser ya la hora de comer — reímos y volvimos a la cabaña con “Doble C”.

El resto del fin de semana lo pasamos entre amigos, con bromas, risas, comilonas, amor y cariño. El domingo a medio día — tras la comida — hicimos las maletas y regresamos a la ciudad. Yo me había puesto delante con Justin y los cuatro comentábamos animados todo lo que había pasado en el fin de semana, lo más frecuenta era mi relación con Drew. “Chismosos…”, pensaba entre risas. Cuando estaba quedándome dormida Justin sacó un tema de conversación que no podía perderme.

— El Martes comienzo la gira de promoción y eso significa que no nos veremos hasta Navidades…

— Y yo volveré a Canadá — dijo Christian cabizbajo.

— Chicos, no os preocupéis, os esperaremos.

—¡Por supuesto! Podemos ahorrar para ir a Canadá con vosotros para las fiestas — afirmó Cristina.

— ¡Ah no, no, no! Me niego — saltó Bieber —. Yo me encargaré de llevaros a vosotras y a vuestra familia.

— ¿Estas tonto? Yo si que me niego a que hagas eso — dije mirándole con el ceño fruncido.

— No tratéis de convencerle, es un cabezota y como se le meta algo entre ceja y ceja no hay quien le haga cambiar de opinión — iba a replicar pero Christian volvió a interrumpirme —: Yo que tú no seguiría intentándolo, al final te ignorará.

Todos estallamos en carcajadas por la cara que puso Justin. Una vez nos relajamos me quedé dormida para el resto del viaje. Cuando llegamos los padres de Cristina la estaban esperando en mi portal. Nos despedimos de ella y entramos al edificio. Christian se fue al piso de Justin, pero este me acompaño hasta mi casa. Nos quedamos abrazados en el rellano un buen rato y cuando nos separamos me miró a los ojos y me dijo algo que no me esperaba:

— Prométeme que no harás caso de los rumores acerca de mi.

— ¿Qué? Justin, ya sabes que yo no me creo nada de lo que diga la prensa. Me fio de ti — sonreí —. Pero hay algo que quiero preguntarte...

— Claro, dime.

— Entre Selena y tú... ¿Hubo algo? — Justin abrió los ojos como platos —. Es que yo... Bueno os vi besándoos cuando conocí a Christian y yo...

Shh, no digas nada. Entre ella y yo jamás habrá nada. Jamás — aseguro recalcando esa última palabra.

Nos miramos a los ojos por unos segundos y nos acercamos lentamente para fundiros en un dulce y cálido besos que pronto tornó a apasionado, pero mi hermano apareció repentinamente por la puerta y tuvimos que separarnos rápidamente con la cara roja. Pero, ¡¿es que nadie en mi familia me iba a dejar vivir mi vida personal sin interrupciones?!

— ¡Lo sabía! ¡Sabía que terminaríais juntos! — anunció animadamente y a voz en grito provocando que el rubor de mi cara aumentaba hasta volverme un pequeño tomate cherri. Mis padres salieron al rellano tras el grito de felicidad y nos miraron sorprendidos a Justin y a mi.

— Osea que es verdad… — dijo mi padre pensativo.

— El amor siempre encontrará un camino — afirmó mi madre con una gran sonrisa. “¿Eso no es una canción?”, pensé —. Vamos a dejar que se despidan, no se verán en mucho tiempo. Hasta pronto, Justin.

Este se despidió con la mano y con una tímida sonrisa dibujada en su rostro. Los tres se metieron en casa, pero tenía la sensación de que observaban la escena tras la mirilla de la puerta. “Cotillas”, pensé. “Definitivamente mi familia no es normal”. Miré a Justin, que aun seguía colorado, y no pude evitar reírme aunque, claro, yo no era la más indicada porque esta igual o más roja que él.

Estuvimos en silencio un buen rato, aun estaba desconcertado acerca de lo que había pasado con mi familia. Nos había pillado a los dos por sorpresa, pero seguramente a él más todavía, yo podía imaginármelo, al fin y al cabo he vivido con ellos durante mis quince años de vida.

— ¿Esperarás por mi? — preguntó rompiendo el silencio.

— Aunque eso signifique la muerte — rio ante mi tono dramático y se acercó a mi para besarme nuevamente. Una última vez antes de marcharse. Una última vez antes de no volver a verle.

Entré en casa y observé que mi padre estaba leyendo el periódico del día anterior al revés, mi madre fregaba frenéticamente un plato que no necesitaba ser limpiado y mi hermano simulaba que zapeaba en la televisión. Rodé los ojos con una sonrisa y me fui a mi habitación a dejar la maleta.

Una vez allí me tumbé en la cama suspirando. Me dio un ataque de felicidad, de esos en los que sientes mariposas por todo el cuerpo y no puedes evitar reírte como una idiota. Pues si, exactamente eso me paso a mi.

Desde ese día mi hermano no paró de darme la paliza en cuanto a mi beso con Justin, prácticamente todas nuestras conversaciones eran acerca de él y a veces saca el tema sin venir a cuento. Mis padres trataban de no hablar de ellos, pero cuando estábamos en la comida o la cena y mi hermano hacía la gracieta de turno, no podían evitar soltar una risita tonta a la que yo contestaba un una mirada asesina.

Los meses pasaron lentamente, las clases se hacían más agobiantes y pesadas. Tuve algún que otro problema con Melissa por haberme hecho amiga de Cristina, se había enterado de nuestra pequeña salida campestre por una revista de cotilleos, así que decidimos no volver a hablarnos, bueno, en realidad fue ella la que lo decidió. Con John no pasó mucho, aunque tuvimos unos cuantos encontronazos, lo bueno es que salí airosa de ellos. Mi relación con Cristina y el resto de mis compañeros iba viento en popa, todos eran increíbles.

¡Oh! Bueno, seguramente os preguntareis por Taylor. Hablamos por teléfono alrededor de dos horas y quedamos en que solo seríamos amigos, no podía permitir que sufriera por mi culpa. Él estaba preocupado por si no podría olvidarme, pero a alguien como yo se la olvida en seguida. Y así quedaron las cosas con él, nada importante.

Cuando los exámenes ya habían terminado y se acercaban las vacaciones de Navidad había comenzado a salir al balcón para ser la primera en verle llegar. Solía quedarme hasta muy tarde, cuando comenzaba a sentir que los músculos se entumecían y una noche, al empezar a congelarme de fio y con los primeros copos de nieve, vi como un lujoso coche se paraba enfrente del edificio. De él salió una persona con calva y  barba postiza. Rei para mis adentros saliendo a toda pastilla de mi cuarto para ir a la puerta pasando por el salón. Cuando mi padre me vio preguntó:

— ¿A dónde vas? Es muy tarde.

A lo que simplemente contesté:

— Ha vuelto.

Baje corriendo los escalones y me plante en el portal con una gran sonrisa. Me esperaba de pie con una gran sonrisa.

— ¿Ya echaba de menos esta calva y barba postizas?