Poco a poco nos íbamos acercando y sentía su agitada
respiración en mis labios, estos estaban a un milímetro de juntarse con los
suyos, ya no me importaba nada ni nadie, el casi-beso de esta tarde iba a ser
por fin un beso, pero al oír la puerta de mi cuarto abrirse nos separamos
corriendo y nos pusimos colorados. Comenzamos ha hablar de cualquier cosa para
poder disimular. “Mierda otra vez, muy oportunos…”, pensaba continuamente.
- Vaya, hola – dijo mi madre al entrar al balcón. “Con que
has sido tú la que ha estropeado este momento, ¿eh? Esta te la guardo, mamá”,
pensé con cierta rabia -. Justin, tu madre ha llamado y me ha dicho que bajes
ya para tú casa, ya es muy tarde.
Justin y yo resoplamos al unísono, por una parte era verdad
que ya era muy tarde, pero por otra no quería que se fuera, quería mi beso,
jamás había deseado tanto que alguien me besase, pero ahora era diferente ya
habíamos tenido dos casi-besos y me estaba hartando de esperar el beso. Y
también estoy harta de repetir tanto la palabra beso.
Cuando Justin se acercó a la puerta del balcón se me ocurrió
como poder pasar más tiempo con él al día siguiente:
- Oye, Justin, ¿qué te parece si te vienes a comer mañana?
- Me parece perfecto, pero me tiene que dar permiso mi madre
y la tuya – dijo mirando a mi madre.
- A mi me parece perfecto, el problema es que no estaremos a
la hora de comer – la miré con cara extrañada -. Tu padre y yo tenemos una
entrevista con el director de tu nuevo instituto y luego teníamos pensado ir a
comer fuera con tu hermano y dar una vuelta por la ciudad. Así que tendrás que
cocinar tú.
- ¡Ah! No hay problema, yo cocino – dije emocionada. Me
encantaba cocinar, aunque siempre me había ayudado mi madre a hacer grandes
comidas, pero iba a ser un bonito reto.
- Genial, a mi me gusta cocinar – mire a Justin y negué con
la cabeza.
- Tú encárgate de traer una buena película. – pude ver la
decepción en su cara, pero prefería que fuese así, quería darle una sorpresa
con la comida.
Estuvimos hablando un rato y luego le acompañé a su casa
entre risas. Una vez llegamos a su puerta las risas se apagaron y nos quedamos
en silencio, no pude evitar ponerme nervios. Nunca me había puesto así cuando
estaba con Tom… Tom, ¿qué voy a hacer ahora con él? Me gusta, me gusta mucho,
pero también Justin y me encantaría poder conocerle más, además solo él logra
ponerme realmente nerviosa. Debía aclararme si no quería que hubiera problemas.
Por eso no debía besarle, no podía hacerlo hasta que me aclarase.
Vi como Justin se acercaba lentamente a mi, pero, por suerte, Pattie abrió la puerta para
hacer entrar a su hijo en casa. Me vio y me saludo con una gran sonrisa. Le
explicamos lo de la comida y se quedó perpleja: no se podía creer que ahora
fuésemos tan amigos.
Me despedí de ambos y subí a mi casa. En el camino no podía
parar de pensar en mi dilema: Tom o Justin, Justin o Tom. No sabía que iba a
hacer. Me tumbé en a cama y cerré los ojos. Me estaba empezando a quedar
dormida cuando me llegó un mensaje al móvil, me sobresalte y lo saque del
bolsillo de mi pantalón. Era un mensaje de Tom, lo abrí y lo leí:
“Necesito hablar contigo, nos vemos mañana a las 12 en el portal de tu
casa”.
¿De que querría hablar? ¿Habría visto las fotos de mi cena
con Justin? No, no podría a ver visto las fotos, es prácticamente imposible. No
paré de darle vueltas hasta que me quedé profundamente dormida. Esa noche soñé
tanto con Tom como con Justin, pero fue confuso, no recuerdo la mayor parte de
ambos sueños.
Me desperté a las diez y media, se podía oír el ruido de los
coches y a la gente riendo en los bares cercanos. Estaba agotada, pero no podía
volver a reconciliar el sueño, así que decidí ir a la cocina para ver si tenía
que ir al supermercado a comprar algo de comida. Tras hacer una inspección me
di cuenta que no había nada que pudiera usar para lo que quería hacer. Tenía
que pedirle dinero a mi madre, pero parecía que aun no se había despertado, por
ello mientras espera a que se despertasen todos me preparé el desayuno. Comencé
a comer y me descubrí pensando en Tom. Todas las dudas de la noche anterior
volvieron a mi cabeza y perdí por completo el apetito. Suspiré, dejé el
desayuno en el fregadero y miré el reloj de la cocina.
- Las doce menos cuarto – anuncié en alto -. Un momento
–mire de nuevo el reloj -, ¡¿las doce menos cuarto?! Debe de estar mal el
reloj, es imposible… - al decir esto me sonó en móvil, era un mensaje de Tom:
“Estoy cerca de tu casa, espero que no se te olvidar que teníamos que
hablar”.
Tras una serie de improperios, corrí a mi habitación y me
puse unos shorts y una camiseta blanca. Me asume a la habitación de mis padres
que ya estaban despiertos y les dije que tenía que bajar un momento al portal.
Corrí todo lo que pude, miré mi reloj de pulsera: eran las
doce y tres minutos. Llegue al portal bajando las escaleras de dos en dos.
Traté de tener cuidado no quería volver a caerme, ya se me había curado la
muñeca y no quería otra desgracia. No vi a nadie dentro del portal por ello
salí a la calle y le vi en los escalones con la mirada perdida, parecía ausente.
- ¡Tom! – corrí en su dirección y lo abracé, pero, para mi
sorpresa, él no lo correspondió -. Tom, ¿qué pasa?
- Me voy.
- ¿Cómo? Pero si acabas de llegar… - estaba confusa, no
entendía por qué me decía eso.
- He dicho que me voy – le miré más confundida todavía -.
¿¡Por qué no piensas un poco!? – no pude evitar retroceder, me horroricé al ver
su la expresión de su cara y por como me había hablado. Jamás le había visto
así. Al ver que me alejé de el se relajó y se acercó a mi -. Lo siento, no
quería pagarlo contigo – se acercó para abrazarme pero me aparté.
- ¿Quieres explicarme que pasa? – soné más brusca de lo que
pretendía y Tom se separó de mi, miró al cielo y suspiró.
- Me mudo a Alemania.
- ¿¡Qué!? Eso significa que tú y… y… - se me quebró la voz y
los ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
- Si, no podemos seguir juntos.
- Pe-pero…
- Las relaciones a distancia no funcionan, Natalia – dijo
bruscamente y con tono de enfado.
- ¡Eso tú no lo sabes! – le grité. Las lágrimas comenzaron a
correr por mis mejillas.
- ¡Si! ¡Si que lo sé! ¿Acaso te crees que soy idiota? Sabías
que algún día cortaríamos,
aunque pensaba que
sería por culpa de Bieber.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Y por qué metes a Justin en esto?
Él no tiene la culpa de nada, ¿me oyes? ¡De nada! – me miró a los ojos, yo no
aparté la mirada, debía ser fuerte. Traté de averiguar cual era la expresión de
su rostro: ¿Sería enfado? ¿Tristeza? No estaba segura.
- Esto termina aquí.
- No, no me hagas esto… te quiero… - dije en un susurro. Me
miró durante un largo rato, suspiró y se acercó a mi besándome por ultima vez.
Lo único que logró fue que el dolor aumentara -. ¿Por qué lo has hecho?
- Adiós, Natalia, hasta siempre – dijo ignorando mi pregunta
y dándome un beso en la frente antes de marchándose con las manos en los
bolsillos del pantalón. Observé como se iba hasta que le perdí entre la gente.
Me senté en los escalones de mi portar y rompí a llorar de
nuevo. “No me lo puedo creer, otra vez no”, pensé. “Me prometí a mi misma que
no volvería a pasarme…”. Una voz logró sacarme de mis pensamientos:
- ¿Natalia…? – reconocí al instante de quien era esa voz.
- Lo has visto todo, ¿verdad?
- Si, me temo que si…
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